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No du- damos de que cuantos la contemplen en esta foto se uniran a su causa.


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La mascara fud adquiriendo cada vez mas importancia en el espiritu mAgico del hombre primitive. Por medio de la mascara puede ejercer el control de los espiritus. Todos los pueblos y tribus tienen en su historic alguna traza de mAscara. Las miscaras son usadas ain por las tribus primitivas de Nueva Gui- nea, Africa, Surambrica, Ecuador, Nuevo Mexico, Alaska y por los re- sidentes mis modernos de Tracia, Siberia y los pauses alpinos. Como quiera que se haya origi- nado la mAscara, sabemos de cier- to que ha terminado en el drama.

Cuando el hombre primitive se pu- so una mAscara por primer vez empez6 a imitar, y la imitaci6n se desenvuelve en el cuento, que vie- ne a ser leyenda y, finalmente, drama. Con el tiempo el rito con mAscaras vino a ser teatro comer- cial. Cada tribu y civilizaci6n tiene sus mAscaras particulares y mu- chas de ellas pueden verse en nues- tros museos. Las primeras masca- ras fueron tal vez cabezas de ani- males Ilevadas por un cazador, al acercarse a su pieza.

Luego el hom- bre primitive capta la idea del sim- bolismo y talla y pinta mAscaras de animals. Algunas de ellas son obras de arte, e interpretan bella- mente la gracia del animal que re- presentan. Al desarrollarse ideas mAgicas, el hombre primitive se di6 cuenta de que su cuerpo era una cosa fragil y vulnerable. De esto brot6 la idea del totem. El salvaje adopt el fie- ro le6n, el enorme elefante, o el poderoso gorilla y mand6 su espi- ritu al cuerpo de este animal para que se lo guardara y defendiera.

Mientras vive el animal, vive el hombre. De esta idea provienen na- turalmente los tabts tribales sobre la caza de animals tot6micos. Del aumento y protecci6n del animal tot6mico surgieron festivales y ri- tos; y 6sta fud tal vez la primer religion del hombre. Durante estos festivals el brujo y los bailadores representaban al animal tot6mico, y llevaban mascaras talladas de ese animal. El animal totemico asumi6 gra- dualmente el papel de dios.

Y de esto brotaron inevitablemente las eyes del pecado y del incesto. Becientemente, se ha celebrado en la ciudad japonesa de Atami el annual "Mercado de las Perlas", al que concurren eomerciantes del mundo entero y exportadores domesticos, en preparaci6n para la pr6xima temporada de Christmas.

En la foto, una muchacha, empleada del eentro de comerciantes de Atami, ma- neja con delectaci6n los centenares de hilos de perlas que fueron vendidos en este mercade. Si no puede uno matar a un miembro del propio clan, ni casarse con el. De los totems descienden simbo- los modernos el le6n ingles, el aguila americana, etc. El negro africano que convierte en dios un antelope o un gorila ter- mina por bailar con su mascara animal s6oo por el placer de bailar.

El brujo espanta al demonio de la enfermedad del cuerpo del sufrien- te poniendose la mascara y el dis- fraz adecuados al demonio que cau- as la enfermedad. Por este medio el demonio es se- ducido a salir del cuerpo de su vic- tima Las procesiones fdnebres en la antigua Roma inclulan hombres que llevaban mascaras que representa- ban los famosos antepasadcs del di- funto.

MAscaras de oro cubrian los rostros de los reyes muertos en Siam y Cambodia. Los habitantes de Alaska enterraban mascaras con sus muertos para que pudieran usarlas en la otra vida. Desde lue- go, las mas conocidas de estas mas- caras mortuorias son las de las mo- mias egipcias. El espiritu del difunto, segin se crela, residia en este crAneo y era natural que se preservara el crAneo y el espiritu para que guiaran a la tribu.

Se le recomponia la nariz y se le afiadia color y cabello. En Md- xico, algunos crdneos de los azte- cas eran incrustados delicadamente de mosaicos turquesa. Se pasaba una vara de oreja a oreja del crA- neo y el que lo llevaba cogia esa vara con los dientes mientras dan- zaba. Durante mas de veinte siglos la mascara danz6 en toda Europa. Los campesinos paganos Ilevaban mas cars en sus festivales.

Una Familia con Suerte Cap 231 parte 2-2

Algunas de ellas, co- mo nuestro Santa Claus, Todos los Santos, y Carnes Tolendas han lie- - gado hasta nuestros dias. La iglesia Cristiana reprob6o la mascara y la prohibi6, pero en va- no. Las representaciones milagre- ras con sts demonios enmascara- dos, continuaron celebrando las fiestas cristianas.

Hasta el siglo XV no consigui6 la iglesia catdlica eliminar la mascara del ritual cris- tiano, La mAscara e'std Ilena de misterio y temor para todos los pueblos. De- trds de una mAscara un hombre se torna desconocido e ingonoscible. Su expresi6n deja de revelar sus sentimientos. Se halla libre de ru- bor y de responsabilidad. Asume una nueva personalidad y un nue- vo ser: Y ademas de esto, se cree en los poderes magicos de la masca- ra.

En algunas parties, algunas mas- caras eran bellas, asi como temi- bles. Representan la interpretaci6n de la naturaleza, con todos sus te- mores y creencias. Las mascaras son algo mas. Y tambidn son arte: Sus superiores le encontraron en las tres ocasiones pacifica y pro- fundamente dormido sobre el puen- te. El marinero se defendi6 y afir- m6 que habia sido "sumergido por una impresi6n de aniquilamiento" y que 61 no era sofioliento ni pere- zoso. Las transacciones en el "Mercado de las Perlas" de Atami se hacen en torno a esta larga mesa; los compradores, a la izquierda, frente a los vendedores, a la derecha.

En las cajitas con una ranura en el centro, los vendedores depositan sus ofertas, despuns de haber examinado con escrupulosa atenci6n las muestras de la mercancia. Por qu6 ibas toda vestida de blanco? El "fiie" echa una mirada de reojo a la imagen de su padre y dice: El enamorado ponder a su adorada: Es bella como un espejismo. Un espejismo es algo que puedes ver, pero no puedes tocar con tus ma- nos.

Honorio y dice a la enfermera: Me pregunto si puedo confiar en el Dr Honorio. Puede usted tener absolute confianza -responde la enfermera-. El doctor es incapaz de quedarse con la moneda! No tard6 61 en contestar: Para evitar que profiriese sus terrible juramentos el dia del Sefior, todos los domingos cubria la jaula con un patio y hasta el lu- nes no la destapaba. Pero un lunes vi6 desde la ventana que el cura - venia a visitarla. Entones volvi6 a cubrir la jaula.

Y cuando el sacer- dote entraba en la sala, oy6 que el loro gritaba: En una pequefa ciudad del interior, un joven va a confesarse: El joveni baja la cabeza y se queda callado. El pecador sigue encerrado en su mutismo. A la salida, un amigo que le estfi esperando le pregunta: Cuando vuelve un moment despuds, el vaso estA vacio y debajo de lo escrito por 61, lee: El je- fe de la oficina la reprende por eso y ella le explica: Y caminaba tan despaci- to Se ha observa- do por t6cnicos que si esta terrible arma se empleara en la pr6xima guerra, los hombres sobrevivientes quedarian en tal estado que ten- drian que empezar por inventor otra vez la rueda para comenzar de nuevo a darle vueltas a la noria de la civilizaci6n.

La ausencia de la rueda equival- dria seguramente a un retorno al comienzo de la humanidad. Pero todos los extremes son malos. El excesivo uso o abuso de la rueda y sus derivados y parientes ha con- ducido a los hombres a una pen- diente peligrosa. Vivimos en una 6poca de gran actividad febril, de extraordinaria rotaci6n. EL ritmo de la vida se ha acelerado consi- derablemente en virtud del uso creciente de las maquinas, de la rapidez de los medios de trans- porte, de las facilidades para la co- municaci6n del pensamiento, de los automatismos, estimulos y ex- citaciones de la vida modern y la aguda competencia econ6mica y professional.

Esta aceleraci6n en el ritmo de la vida humana ha traido consigo, como sabemos, numerosos efectos perjudiciales tanto a la salud fisi- ca como a la mental. Las leyes del trAnsito castigan con multas las infracciones por exceso de veloci- dad, pero tambidn las leyes de Ja fisiologia y de la psicologia casti- gan con las several multas de las enfermedades de todo g6nero, las violaciones por exceso de acelera- ci6n vital. Schopenhauer profetiz6 desde la altura del siglo pasado que el occidente se infiltraria lentamente " El Oriente invent la almohada y el Occidente la rueda.

He ahi dos obras que simbolizan las almas de ambos mundos El oc- cidental le ha impreso un ritmo acelerado, vertiginoso a su vida Actualmente abusa de la rueda Necesitamos ponerle freno a nuestra incesante rotaci6n, mirar al oriented y pedirle prestada su al- mohada. Urge acostar un rato a la rueda y movilizar a la almohada. El occidente necesita descanso y relajaci6n El Orien- te invent la almohada y el Occi- dente la rueda.

He aqui dos obras que simbolizan las almas de ambos mundos. La almohada represent en cierta media la actitud del 4riente hacia la vida con su exce- oncia y su limitaci6n. Por otra parte, la rueda ha sido la respon- sable de gran parte de la gran- deza y servidumbre de Occidente.

Desaparece- ria todo nuestro adelanto tecnico e industrial, los medios de transpor- te y comunicaciones. Es una cul- tura sqbre ruedas. QuizAs si Ilega a usarse la bomba at6mica o la de hidr6geno y el lector tiene la suer- "El problema principal es saber economizar las fuerzas durante el trabajo, hasta donde sea posible Pocas personas se dan cuenta de la importancia de esto y de c6mo es possible conseguirlo sin perjudicar al ren- dimiento. Y buena falta que le hace en parte. Cada tipo de civilizaci6n y de cultural produce un estilo de vida que descubre y vive ciertos valo- res determinados.

QuizAs el futu- ro ideal de la humanidad seria crear un tipo de cultural y de hom- bre que fuera capaz de similar y de vivir los valores de las diferen- tes civilizaciones y que supiera apreciar y aprovechar el aporte de cada una. Se realizaria de ese mo- do un tipo de vida mas plena, equi- librada y armoniosa.

El occidente, deciamos, invent a la rueda y desde entonces le ha impreso un ritmo acelerado, verti- ginoso. Actualmente sin duda que abusamos de la rueda y lo peor es que el destiny del hombre occiden- tal va uncido a la misma, como el de la bestia al yugo. Urge acostar un rato a la rueda y movilizar a la almoha- da.

Conviene que el occidental sepa usar mAs de los sentidos para re- cibir impresiones y de su mente para contemplar las ideas y aban- done a ratos la acci6n frendtica en la que estA enviciado. Import much que aprendamos a disfrutar simplemente mirando el perfil gra- cioso de las cosas, oyendo el hit- mo de los sonidos, observando la corriente de nuestros pensamien- tos. Para esto sin duda que es mu- cho mejor consultar con la almo- hada que consultar con la rueda. Por la importancia que tiene el descanso y el reposo para el hom- bre modern como cura para mu- chos de sus males, creemos Citil di- vulgar algunas ideas y recomenda- ciones bisicas de la higiene men- tal.

Principios fundanlentales del repo- so: Como principio fundamental pa- ra la conservaciOn Ve la salud fi- sica y mental y la obtenci6n de un alto nivel de eficiencia en las ac- tividades, es necesario que el indi- viduo organic y emplee sus fuer- zas en la forma mas economic po- sible, esto es, evitando toda fatiga innecesaria y obteniendo los me- jores resultados que pueda del tiempo dedicado al reposo. Para esto debera tenerse en cuenta las cuatro recomendaciones siguientes: Segin la creencia corriente la laxitud o descanso es una condi- ci6n fisica y mental que debe ser creada una vez que hemos termi- nado la labor diaria.

Pero el pro- " Basta en muchos casos que el sujeto sea capaz de obtener, mediante el metodo de la relaja- ei6n progresiva, el total afloja- miento de sus musculos, para que los estados emocionales per- turbadores decrezean o se supri- man Se ha sostenido por hombres de ciencia que la rela- jaci6n efectiva es el tratamien- to mis director y especifico para lo que se llama frecuentemente "nerviosidad" Pocas personas se dan clara cuenta de la importancia de econo- mizar las energies mientras se tra- baja y de c6mo es possible conse- guir esto sin perjudicar el rendi- miento, en cantidad o calidad.

Asi por ejemplo en una actividad mus- cular cualquiera el esfuerzo debe limitarse a lo estrictamente indis- pensable. Es convenient en todo trabajo, ya sea fisico o intellectual, tener los utensilios y medios que se emplean en la labor al ancance de la mano, organizer las activida- des de modo que se eliminen los actos superfluos o innecesarios y adoptar cuando se trabaje, ya con las manos, ya con la palabra ha- blada o escrita, posiciones apro- piadas extentas de toda tension in- necesaria.

En esta forma va ha- cidndose habitual la prictica del relajamiento muscular, y se dismi- nuye, en gran media, la fatiga ge- neral que se experiment a veces en el trabajo. Solemos hacer, sin darnos cuen- ta, numerosos esfuerzos, gestos y flexiones indtiles durante el traba- jo y nos sorprenderiamos conocer la cantidad de energia que podria- mos ahorrar, si s61o empleAsemos las fuerzas que realmente la labor require.

Un individuo puede estar preparado para realizar sus tareas y sin embargo emplear en ella de- masiados mdsculos. Al subir la es- calera o manejar el autom6vil qui- zas extremamos nuestra tension muscular; la sefiora de su casa es possible que emplee demasiados misculos y movimientos para la limpieza y cuidado de la casa; el espectador pone excesiva tension muscular y emotional cuando estd en el especticulo, y asi podriamos multiplicar los casos de la vida diaria en donde se ven c6mo gas- tamos y malgastamos much ener- gia cuando podriamos realizar las mismas actividades con menos es- fuerzo.

Conveniencia de interrupeiones periddicas en el trabajo para descansar Tambidn economizariamos ener- gias y reduciriamos la fatiga si pu- dieramos descansar efectivamente cortos periods durante el traba- jo. Por ejemplo, para la labor inte- lectual se consider acceptable un reposo de 5 minutes por cada ho- S olaiio,, hater, sil darnos cuenta, numerosos esfuerzos, gcstos y flexiones inutiles durante el trabajo y nos sorprenderiamos cono- cer la cantidad de energia que podriamos ahorrar, si solo emplea- semos las fuerzas que realmente la labor require.

Un individuo pue- de star preparado para realizar sus tareas y sin embargo emplear en ella demasiados musculos Desde luego, hay que considerar que si los periods de reposo son demasiado largos, no solo se pierde ese exceso de tiem- po, sino que hay tambidn que con- sumir otro tiempo adicional en volver -a "coger el hilo" o en "ca- lentarse el brazo".

Por otro lado, si los periods de actividad se prolongan mAs de lo convenient, hasta que la fatiga aparezca, no trabajariamos enton- ces con economic de las fuerzas, porque el tiempo de reposo que ne- cesitariamos para reponerlas seria muy largo. Tengamos en cuenta el principio prActico de que el des- canso debe comenzar siempre en el moment en que se nota que em- pieza a disminuir el rendimiento del trabajo.

Toda actividad conti- nuada mas alia de este moment, no solo es indtil sino perjudicial, porque se empleara much mis tiempo para hacer algo y se hard con menor rendimiento, ademas del riesgo de los errors y acci- dentes en el trabajo a causa de la fatiga. Hay varies casos que ilustran las ventajas del reposo a tiempo, es decir, antes de que se sienta el cansancio. Por ejemplo, experi- mentos realizados han demostrado que los obreros que doblan pafiue- los en una fAbrica produce un rendimiento tres veees mayor du- rante el dia, si descansan un mi- nuto por cada seis de labor, que si hacen el mismo trabajo varias ho- ras seguidas, sin periods de des- canso.

Se decia que T. Roosevelt tenia el don de echar today clase de preocupaciones a un lado por espacio de breves minutes y a cor- tos intervalos, durante el torbelli- no de actividades que se sucedian durante el dia en la Casa Blanca. Continua en la Pag. Un hom- bre mas list podia haber enredado la pita Puede significar la cdrcel. Al otro lado de la vieja mesa de pino, el sujeto que vestia un tra- je gris de verano mostrabase tan tranquil como el cielo perlino de aquel atardecer.

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Las cigarras cantaban en los ar- ces, el bien cuidado prado velase excesivamente verde a los oblicuos rayos del sol. La piscina de nata- ci6n reflejaba los abedules de la orilla. El que estaba al otro lado de la mesa habl6 con dulce acento,-co- mo una enfermera tranquilizando a un paciente. Su portfolio se hallaba sobre la mesa.

Alz6 la mano derecha y la coloc6 con cuidado en el brazo de su butaca de cuero. Se dobl6 un tantito a la derecha para martillar la automatica. Luego apart lentamente el portfolio de el medio y le dispar6 tres veces al hombre corpulento. Este ech6 atras sus anchos hom- bros, a sus ojos asom6 una intense mirada y expire. Movidndose despacio por las ca- rreteras que corren por las ricas tierras labrantias de Illinois, el asesino fud visto por bastantes per- sonas, ninguna de las cuales lo vi6 en realidad.

En su destefiido sedan, aquella t a r d e somnolienta, era practicamente invisible Y por otra parte, el alguacil Wal- do Wallings no despleg6 brillantez alguna al dar comienzo a la inves- tigaci6n del asesinato de Sewell Hackett, un acaudalado traficante en rezagos de guerra, que fue muer- to a tiros en la biblioteca de su hermosa casa de campo.

Una mues- tra de brillantez habria estorbado una notable exhibici6n- de la mas destacada labor policial en muchos anos. No se necesitaba ni se esperaba brillantez, seg6n advirti6 el algua- Luego apart lentamente el por- tafolio de en medio y le dispar6 tres veces al hombre corpulento. Dos capaces voluntarios respondieron a todas las preguntas usuales antes de que pudiera hacer- les las de rigor. Tanto Jason Sla- gle como Cameron Cole eran hom- bres listos y competentes, aunque posiblemente uno o dos eran reos de un asesinato reciente. Resultaba cosa natural en el filos6fico algua- cil dejarles hacer su trabajo.

Slage y Cole no lo sabian, pero el com- partir el efecto era una regla car- dinal de los mdtodos policiales un poco heterodoxos del alguacil Wa- llings. No es que desdefiara los procedi- mientos usuales. Pero con frecuen- cia se salia de ellos, en direcciones curiosas, y era su c6moda creen- cia que la manera mas facil es siempre la mejor.

Ciertamente que las cosas se le facilitaron en aquel caso.

Fernando González Pacheco

Slagle y Cole, en un diestro intercambio de estocadas, le ofre- cieron dos posibles sospechosos: Y lo hicieron con entereza. El alguacil, hombre bondadoso, le ten- di6 a Cole la mano. Hackett -dijo-, pe- ro todo el mundo hablaba Cameron Cole habia sido el co- mandante Cole, del Servicio de In- teligencia Militar, hasta muy re- cientemente. Favoreci6 al alguacil con una mirada de pocos amigos. Cort6 el pdsame con una breve frase: Ha- ckett cuando regress a casa a las seis -declar6 con minucia-.

Co- mo usted lo ve, en el butac6n. El ama de Ilaves estA libre los miercoles por la tarde. Yo voy al hospital de veterans para someterme a un tratamiento. S6- lo estabamos aqui los tres. Ha- ckett se cas6 con mi madre duran- te la guerra. Ella muri6 el afio pa- sado. Yo he vivido aqui desde que me lesions la espalda en un acci- dente de aviaci6n hace ocho me- ses.

Vine en mAquina a verle. Llegud aqui inmediatamen- te despuds que el medico forense. No me acostumbro a la idea Era el mejor socio del mundo -hizo un ademAn hacia el suave cres- pisculo-. Y en un lugar tan apa- cible. Sin embargo, alguien pudo haber venido desde la carretera. El doctor Anderson, el medico fo- rense, la sac6 del bolsillo de atras de Hackett. Mas i por qu6 otra cosa habria de ma- tarle nadie?

Todo el mundo queria a Hackett. Y no habia estado de- masiado active iltimamente como para echarse enemigos en los ne- gocios. No se sentia muy bien. Sale usted al campo con fre- cuencia, Mr. Cole res- pondi6 por el secamente. Lastima que coincidiera su visit con esto. Hackett me pidi6 que vi- niera -repuso Slagle-. Me llam6 por telifono al mediodia. No me dijo para que, s6lo explic6 que se trataba de algo important. Que yo sepa, al menos.


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  • Slagle sali6 precipitada- mente -dijo con acento de inocen- cia Cole. Mirando las tierras labrantias. Pens6 detenerme en el hospital pa- ra recogerlo a ustad, comandante. No tenia idea de que sus tratamientos duraran tanto. Mientras mas tiempo mejor. Los honors maliciosos, seguin anotaci6n del alguacil, eran com- partidos por igual, poco mas o me- nos. Cada cual habia sugerido que el otro no podia explicar d6nde habia estado en el moment criti- co.

    Aquellos dos espadachines pa- recian bastante emparejados, aun- que eran muy diferentes. Cole ten- dria unos treinta y cinco afios. Del- gado y de rostro angosto, parecia literalmente un ser agudo. Su na- riz era puntiaguda, su barbilla casi igual. La calva incipiente le dotaba de una aguda V de cabello negro. Slagle era un hombre rechoncho, seguro de si mismo, de algo mas de cincuenta afios, con largo rostro ovalado, y una spectacular papa- da.

    Su traje gris de verano habia costado dos veces mAs que el tra- je gris de verano de Cole; sus mo- dales eran dos veces mias amigables. Y parecia un poco entristecido por la muerte de Hackett, mientras que el austero hijastro de Hackett to- maba la cosa con gran estoicismo. Como si hu- biese estado hablando con alguien a quien conocia y creia amigo. S61o en el tono de voz de Slagle podia interpretarse "probablemente un miembro de la familiar, alguien de la casa". Y en respuesta a eso Cole no dijo directamente que muy bien convendria investigar c6mo andaba la sociedad de Slagle con el muerto.

    Simplemente se limit a decir: Slagle pue- de informarsela. El ha venido ad- ministrandolo todo. Yo se que 61 era un gran consuelo para Mr. Hackett, afin cuando no hace much tiempo que esta aqui. La mayor parte de los fltimos diez afios los ha pasado en ultramar, hacienda su carrera en el Ejdrcito. Slagle quiere decir que no hay vinculos de sangre -dijo con calma Cole-, o tan siquiera un largo conocimiento. Si hasta Hackett lo hizo a usted su heredero, I no es asi?

    Un punto para Mr. Cole se iba a beneficiary con la muerte de Hackett. Por su- puesto que no sabremos lo que eso significa en dinerp hasta que Mr. Slagle aclare los asuntos de la com- pafiia. El socio superviviente, i sabe usted? Se detuvo antes de afiadir "puede hacer casi lo que le plazca". Slagle tambien pu- diera beneficiarse. Era un duelo mortal, al par que una conversaci6n politica Slagle y Cole habrian constituido una buena pareja; con el dinero considerable de Hackett, podian ambos ir muy lejos. Estarian lanzdndose acusa- ciones para ocultar una alianza?

    Empero el algua- cil pens6 que advertia alli verda- dera malicia. Pero supongo que no habria servido de gran ayuda.

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    Con el co- mandante hubiera sido distinto. Tie- ne experiencia en armas y todo eso. Tiene usted todavia aquella pequefia pistola, Cole? Usted me dej6 dis- pararla un domingo. Linda arma, afn cuando no pude hacer blanco siquiera en la pared del garaje. Slagle no le hizo al alguacil un croquis con el garaje Pero le dej6 ver con claridad que en las paredes y por los alrededores ha- bia huellas de balas que podian compararse con la bala que mat6 a Hackett. El doctor Anderson advirti6 la mirada inocente del alguacil y alzo sus rubias cejas inquisitivamente. Habianle ofrecido al alguacil una docena de prometedoras pistas.

    Ya era hora de tomar nota de ellas. El forense cpnocia con cuanta astucia sabia el alguacil interrogar en ese tono suyo que desarmaba a cual- quiera. Los caballeros podian lle- varse una sorpresa; iban a descu- brir que tenian enfrente una men- talidad de primer magnitude. Pero el alguacil puso cara de tai- mado y enunci6 una teoria que ig- noraba cuanto habia oido. QuizAs se trate de un penado fugado. Slagle, no nece- sita usted quedarse. Simplemente deme su direcci6n en Chicago.

    Slagle dict6 despacio y con claridad. El alguacil escribi6 como con dificultad la direcci6n dictada. El comandante Cole suspiro. El doctor Anderson sigui6 al al- guacil a la penumbra de afuera. Lo inico que tengo que hacer es seguir las directrices sencillas y me meters por el camino error Ech6 atris sus anchos hombros, a sus ojos asom6 una intense mi- rada y expir6, Seo. Doctor, estoy metido en un atolladero. Se supone que yo haga lo de costum- bre y me extravie. Tengo que evi- tar trabajar como evito el pecado. Por otra parte, alguien va a ir a la circel por dsto.

    Puede que se trate de uno de esos complicados asesinatos por razones de negocios. El alguacil no tenia la intenci6n de hurgar en nada que fuese in- trincado si podia evitarlo. Hizo co- mo que se iba para la ciudad y luego di6 vuelta, retornando en circulo.

    Manejando al travys de la noche serena iba meditando en los hechos conocidos, con la piadosa esperanza de poder trabajar con esos datos sin excavar mis. Como siempre aplicaba al caso una de sus nociones predilectas: La plu- ma de fuente se seca en moments inoportunos -y lo mismo le pasa a la del falsificador-. El fugitive se ve obstruido por un desfile ca- Ilejero tonto, el horno quema los pastelitos del envenenador, las dos esposas de un bigamo se encuen- tran y conocen trabajando en la Cruz Roja Podia ocurrir un leve tropiezo hasta en un proyecto tan aparen- temente perfect como el asesinato del pobre Hackett.

    Regresando a la casa, ahora a oscuras, de Hac- kett -Cole habia ido al pueblo a preparar el tendido- el alguacil hall la habitaci6n de Cole. Prac- tic6 un studio de los asuntos co- tidianos de Cole, seg n los revela- ban sus cheques cancelados. Iba en busca de alguna apertura pequefia, sencilla, por donde colar- se, algin Angulo tan prosaico que ordinariamente pasaria inadverti- do.

    Y crey6 haber captado un vis- lumbre Y cual- quiera de ellos habria sido fatal. Probablemente la pistol desaparecida del Amigoo Cole. Por supuesto que eso no prue- ba que la disparraa dl-. Se halla- ban en sesi6n en la soturna oficina del alguacil: Ford, el acusador piblico, y el mddico forense. Fud Slagle, fu6 Cole, fueron los dos juntos. No fu6 ningunolde los dos, pero ambos ven la oportu- nidad de cargarle la culpa al otro. Pero nosotros si sabemos una cosa. LY qu6 es ello?

    Slagle, por todo lo que he averiguado, pudiera ser el mrs perfect tipo del negociante bandolero. Se necesitarian diecisdis sabuesos para hallar cualquier co- sa que l6 hubiera sepultado. Esta faena exige demasiado esfuerzo. Ford, con Hackett casi al borde de una. Continuaci6n postraci6n nerviosa, c6mo lo ha- bria matado usted?

    Breve biografía Pablo Neruda

    Un case claro de suicidio. Pero alguien que- ria que el caso pareciese asesinato. Elimin6 el suicidio de tres o cua- tro maneras. Posiblemente para car- girselo a una persona inocente, qui- zAs por razones de seguro de vida. Nadie podria dejar de career que fuera asesinato. Parece que el au- tor ha dado parcialmente per sen- tado que habria una investigaci6n un tanto lerda. El alguacil fingi6 fumar en una imaginaria pipa. Se necesitarian brazos de ocho pies de longitud. Y uno de esos disparos perform de le- no el coraz6n. Es tan esencial hacer que Ilamen a esto asesinato que used confia en que, quien lo perpetr6, vays un paso mas lejos de lo que proyectara y deje ver la punta de la oreja.

    Pero no puede volver a matar a Hackett, para aclarar las cosas. Dejarnos encontrar el ar- ma, tal vez, o sefialar un m6vil. Probablemente se suponia que yo advirtiera un m6vil que no adverti -dijo el-alguacil. De- masiados libroh le han embotado el ingenio. No hay nadie que hu- biera podido actuar tan.

    Pero en este pequefio grupo hay aptitudes naturales Slagle lleg6 a la oficina del alguacil a las once y treinta de la mafiana siguiente.